Los pueblos sobreviven mientras alguien los guarde en su memoria y sea capaz de transmitir a sus descendientes sus recuerdos y sus vivencias.
Esos recuerdos, a veces confusos por el paso del tiempo, son los que van formando la verdadera historia de los pueblos.
Si somos capaces de hilvanar cada una de las pequeñas historias individuales iremos tejiendo el recuerdo colectivo. Unas historias corregirán o matizarán recuerdos confusos de otras. Y así, una a una y oyendo la voz de nuestros mayores, devolveremos a Huespeda el protagonismo de las gentes que lo habitaron, perfilaremos las costumbres y tradiciones de un pueblo que es como otros muchos de la Castilla rural, pero también muy diferente.
Creemos que esta labor es muy ilusionante. Hagamos que nuestros mayores recuperen la visión de sus años de mocedad y nos dibujen la Huespeda que otros muchos no hemos conocido. Y seguro que así la querremos aún un poquito más.
Ánimo a todos. Mandadnos vuestras historias que la empresa merece la pena.