El jueves santo se ponían unas colchas moradas y amarillas ( sacadas de la cama) nada más entrar en la iglesia en el retablo de frente de la puerta, y allí se ponía un altar. También se ponían altares ( el santísimo , con una sábana) en la calle, en lo que es ahora el club ( antigua escuela) y en casa de la Angelita y por casa del cura.
El jueves santo por la tarde se hacía la procesión, que iba desde la iglesia, hasta la basura, y se volvían, llevaba la cruz, y el pendón, y el palio, (una tela con cuatro palos para trasladar el santísimo y en medio iba el cura) iban todos los hombres y las mujeres, rezando rosarios y cantando el via-crucis y un año que subieron los jesuitas de Oña, se iba con velas y teas.
El viernes santo por la tarde, se tocaban las carracas, y zambombas, que se hacían con la tripa de los cochinos, y con los martillos y con todo lo que pillaban daban golpes, igual se estaban más de media hora tocando y el cura riéndose, los chicos que estaban atrás pegaban cada zumbazo con los martillos que por eso están rotas las baldosas de la iglesia según se entra, de tantos golpes como daban.
El sábado santo no se hacía nada. Aunque fuera Viernes y Sábado Santo, si que iban a la taberna del Señor Ángel, y se hacía la vida normal.
El domingo de resurrección ya se cantaba la misa de resurrección. Y ese domingo se comía muy bien, el que podía comía cordero y el que no pollo y de postre flan.
El Lunes siguiente, nos daban un rosco, con chorizo, y un huevo en medio, que se hacía en el horno del pueblo ( un horno que tenía el Señor Ángel en la calleja) y luego una Casera pequeña y todos los chicos y los niños todos nos marchábamos a Santo Cisco a merendar, a los más pequeños nos ponían a parte.
Y ya está, no había ni mujeres descalzas, ni cruces a cuestas, sólo la cruz en alto.
Bueno, esto es todo, si me acuerdo de más historias ya os las contaré.
Martina Hoz