Fuente: www.turiorsmo.org
El Valle de Las Caderechas, en el norte de la provincia de Burgos, atesora un rico paisaje natural y auténtico que cautiva a pobladores y visitantes.
Un viaje a la musicalidad de la naturaleza
El compás del agua. El susurro del viento. El bisbiseo de las hojas de los árboles. Y allá, en la lejanía, el gorjeo de una bandada de piquituertos. Más allá, aún más, un cielo claro por el que apenas resbalan algunas contadas y solitarias nubes. Huele a rocío, a resina, a leña seca y a encinar. Y en el horizonte, todo matizado de verde por los bosques y los frutales, un variado mosaico de paisajes naturales a la espera de ser redescubiertos por el viajero. Son los valles que forman Las Caderechas, pero ¿no es esto el silencio?
Entre las comarcas del norte burgalés de Las Merindades y La Bureba se emplazan los distintos valles que conforman Las Caderechas, un enclave privilegiado y auténtico que invita al sosiego y a la tranquilidad. Es un territorio en el que junto a los valles más verdes y los bosques más tupidos se enredan atractivos desfiladeros, peculiares montañas y hermosas cascadas, de ahí su nombre. Caderechas procede del vocablo latino “cataractae”, cataratas, en referencia a los numerosos saltos de agua que la caracterizan.
El Valle de Las Caderechas es el destino perfecto para abandonar la monotonía, los problemas y los agobios del día a día, dejarse llevar por el murmullo de arroyos, ríos, árboles y vientos, y adentrase en el camino de sugerentes senderos. Este territorio está circundado por las parameras de La Lora, los Montes Obarenes y la depresión de La Bureba. Le abrigan de los vientos dominantes y le conceden un microclima y una particular vegetación. Así, cualquier época es buena para visitar esta comarca, pero si hubiese que elegir una, sería precisamente ahora, en abril, cuando el paisaje de Las Caderechas muda al blanco en gran parte, por las flores de sus cerezos. Aquí, la floración es más tardía que en otras regiones de la geografía peninsular.
Marcas de garantía
El Valle de Las Caderechas es tradicionalmente conocido por la calidad de su fruta, nueces, ciruelos y melocotones, pero, especialmente, por la de sus cerezas y manzanas. Poseen sendas marcas de garantía, que se reconocen por las etiquetas fijadas en las cajas y en las que figura el marchamo de calidad 'Cereza del Valle de Las Caderechas' y 'Manzana Reineta del Valle de Las Caderechas'. Para probar la cosecha de la primera hay que esperar hasta julio, para la manzana, aún más, hasta septiembre.
Su paisanaje lo conforman los pobladores de Aguas Cándidas, Río Quintanilla, Hozabejas, Rucandio, Madrid de Caderechas, Huéspeda, Herrera, Ojeda, Quintanaopio, Cantabrana, Bentretea y Terminón, gente amable y dispuesta a ayudar en cualquier circunstancia. Viven en pequeñas poblaciones que apenas salpican el bello y encantador paisaje. Estas localidades destacan por poseer calles estrechas y laberínticas, y por una arquitectura popular caracterizada por el empleo de piedra en la parte baja y un entramado de madera y relleno de adobe en las edificaciones más antiguas. Suelen ser casas altas, de dos o tres plantas, algunas de ellas con grandes balconadas y, de entre ellas, suele sobresalir alguna casona señorial rematada con blasones.
Salas de Bureba, la entrada Una de las puertas de acceso a la comarca está en Salas de Bureba, localidad a la que se llega desde la ciudad de Burgos cogiendo la carretera que lleva a Poza de la Sal y tras ésta, dirección Oña. La primera población caderechana es Aguas Cándidas, que como su propio nombre indica, destaca por la cantidad de hileras de agua fresca y abundante que surcan sus principales calles a lo largo de todo el año. Siguiendo la carretera y cogiendo el primer desvío a la derecha, también proponemos hacer un alto en el camino en Río Quintanilla. Cuenta con dos núcleos de población separados. El principal está siguiendo hacia Quintanaopio, pero antes de llegar, en un alto, se levanta la iglesia de los santos Emeterio y Celedonio, de estilo románico y de mediados del siglo XII. Es uno de los edificios más destacados de la zona. Su interior guarda una hermosa pila bautismal y unas pinturas murales. Un poco más adelante, el viajero se encuentra frente a un restaurado torreón, desde el que se defendía sus posiciones los de Las Caderechas. Data del siglo XV, aunque perteneció a un castillo anterior, posiblemente del siglo VIII.
Retrocedemos lo andado un breve tramo y continuamos hacia Hozabejas. En este caso, el principal punto de interés se centra en los restos de un acueducto erigido en el siglo XVII, que conducía y conduce el agua del arroyo Hozabejas hasta las huertas y tierras de cultivo del entorno.
Panorámicas eternas
De nuevo en ruta, continuamos por la carretera principal y pasamos bajo los paredones del Portillo del Infierno para llegar a Rucandio, proseguimos hasta Madrid de las Caderechas, Huéspeda y Herrera. Todos ellos permiten un simpático paseo por sus calles y bosques y, sobre todo, unas extraordinarias panorámicas de todo el Valle de Las Caderechas. En Huéspeda, según nos contaron, una de las atracciones de chicos y grandes es la “Burra Catalina”, cuyo dueño, Luis García 'El Casta', muestra con orgullo a todos los visitantes y anima las veladas cantando jotas.
A la sombra de El Mazo, una apuntada montaña, se levanta el caserío de Quintanaopio. Su iglesia destaca por poseer una portada gótica florida y su interior atesora un retablo renacentista del siglo XVI con claras influencias de Felipe Bigarny y Diego de Siloe, dos de los más prestigiosos escultores burgaleses de la época.
Continuamos el itinerario y llegamos a Ojeda. Un poco alejadas de la carretera y disimuladas por la vegetación se hallan algunas de sus antiguas casas levantadas con elegantes entramados medievales. Muy cerca y sobre un pequeño alto se alzan los restos de la Torre de los Infanzones de Ojeda. Al parecer, un miembro de esta señorial familia burgalesa, Alonso de Ojeda, acompañó a Colón en su segundo viaje al Nuevo Continente.
El camino prosigue hacia Cantabrana. Este pueblo conserva un buen número de casas con entramados, diversas casonas señoriales de amplios aleros y una iglesia del siglo XVII. También posee algunas bodegas subterráneas, bien conservadas, en las que se almacenaba el chacolí que se obtenía de las numerosas viñas plantadas en los alrededores. Tras pasar por Bentretea, en la que se alzan varias casas señoriales de época barroca, es sostenido por dos leones, se llega a Terminón. Su denominación proviene de Terminus, dios romano de las fronteras, ya que el lugar fue frontera de sus legiones y zona de paso de alguna de sus importantes calzadas.
Las galerías de la oportunidad
Otros lugares de interés en Las Caderechas son las cuevas de Las Narices, nombre que recibe debido a la forma de una de sus entradas. En Hozabejas, hay que continuar unos kilómetros en dirección a Escóbados de Abajo, para concebir todo el desfiladero y en lo más alto se localizan las múltiples entradas a un laberíntico complejo de cuevas Las Narices. En el pueblo se cuenta que, durante la Guerra de la Independencia, los franceses nunca encontraban a nadie porque todos los habitantes subían a ellas.
Para los amantes de los animales, este paisaje esconde una importante y variedad comunidad faunística, con abundancia de corzos, jabalís, ardillas, zorros, martas y gatos monteses. Más concretamente, para los ornitólogos, tampoco es difícil disfrutar del vuelo de carboneros, cucos, picapinos, piquituertos y pitos reales, así como de buitres leonados, águilas reales y culebreras, alimoches, halcones peregrinos, azores y búhos reales. Por otro lado, para aquellos que se inclinen más por la botánica, en este territorio, encontrarán bosques de pino, quejigo y encina, zonas en las que se entremezclan chopos, alisos, fresnos, arces, robles y tilos, y un denso sotobosque en el que predominan los helechos. Para los aficionados al senderismo, Las Caderechas presentan infinidad de alternativas. Una de las rutas más interesantes es la que desde Rucandio nos lleva hasta el portillo de Las Canales de Madrid o el que desde Herrera nos acerca por una pista forestal hasta el repetidor del alto de la Blanquilla. Algunas de estas rutas también pueden hacerse en bicicleta de montaña y si se opta por seguir las principales carreteras, es una buena opción la de competición.
En las inmediaciones, también se ofertan rutas a caballo. Esto es, en resumen, lo más destacado que presenta el Valle de Las Caderechas y que en sí mismo encierra una miríada de sensaciones que empapa todos los sentidos del viajero.
Texto: R.D.