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Más solos que la una

Artículo publicado en El Diario de Burgos el domingo 22 de abril de 2007, haciéndose eco de la soledad de Inés García y Oscar Alonso y de la incompresión de todos con su vida de sacrificio y dedicación. No tiene desperdicio.

Inés García y Oscar Alonso son de esos jóvenes que han apostado por hacer su vida en el bucólico entorno rural. Pero no es oro todo lo que reluce.

Inés García y Oscar Alonso son de esos jóvenes que han apostado por hacer su vida en el bucólico entorno rural. Ella es Soriana y reside en Huéspeda desde hace veinte años. Según explica, es la única habitante permanente de la localidad. Durante el verano trabaja como vigilante de incendios pero a lo largo de estas dos décadas ha realizado empleos de todo tipo como cuidar ancianos de la zona o dedicarse a la albañilería. Esta última actividad la ha desempeñado dentro de la empresa de Oscar Alonso, nacido en el valle y vecino de Madrid de Caderechas de forma constante desde hace siete años.

El estilo de vida de ambos, lejos de la gran ciudad, puede parecer envidiable a muchos pero no es oro todo lo que reluce. A Oscar le trajo hasta aquí la tranquilidad que no podía tener en Burgos, donde ha vivido durante bastante tiempo con sus padres mientras que Inés llegó empujada por un sentimiento romántico que le sacudió el cuerpo a los veinte años. En su conversación, afloran más las desventajas que las ventajas de hacer la vida en pequeños núcleos,

Ambos aseguran que “estamos asistiendo a la defunción social y cultural de nuestros pueblos” y sostienen que las administraciones no prestan apoyo real a quienes de verdad están dispuestos a emprender una nueva vida en pequeñas localidades. Además, hablan de conflictos entre los vecinos permanentes y los veraneantes. Inés lo califica como “colonización” asegurando que “tratan de imponernos la cultura urbana y sus reglas cuando ellos tan solo vienen unas semanas al año” Pero eso no es todo,, Inés y Oscar afirman que los residentes ocasionales les miran por encima del hombro y les hacen sentirse inferiores “Te miran como si no valieras para otra cosa que para estar en el pueblo y no se dan cuenta que yo he elegido estar aquí y que cuando quiera me puedo marchar y encontrar trabajo de lo mío, como albañil, en cualquier lugar de España” dice Oscar. En la época estival, se produce algún que otro enfrentamiento según explican. “A veces nos llaman la atención porque damos ruido con nuestros tractores o camiones cuando nos vamos a trabajar por las mañanas” explica Inés. Y Oscar agrega que “vienen y se hacen los amos del pueblo y como somos minoría, pues poco podemos hacer”.

Pero hay más quejas. Ambos jóvenes manifiestan que los ayuntamientos están copados por personas que no habitan en el pueblo y que sirven solo a los intereses de los veraneantes “Se dedican a poner farolas en sus casas, a hacer una fiesta en agosto y a poner parques infantiles, toda una contradicción cuando resulta que el censo está integrado mayoritariamente por gente de más de 70 años y por escasos jóvenes como nosotros que tenemos entre 30 y 40 años” afirman. Además añade que los alcaldes no cuentan con ellos y que cuando piden información municipal no se la dan. En Huéspeda, según explica Inés, existen 8 censados pero solamente ella habita de forma continuada todo el año y en Madrid de Caderechas el padrón asciende a 25 personas pero la población real a 9, según sus datos.

Ante esta situación, ambos jóvenes se han planteado presentarse a las elecciones del 27 de Mayo bajo las siglas del partido Tierra Comunera. Quieren tener voz y representatividad aunque están convencidos de que no lo van a lograr porque “se han hecho echo empadronamientos con el claro objetivo de colocar en las alcaldías a personas que respondan solo a los intereses de solamente los residentes temporales”

Inés sostiene que “ esto es un círculo vicioso que nunca acabará si no se pone remedio legal y que va en contra de la supervivencia de los pueblos” y añade que “ a los jóvenes nos tenían que mimar” A Ambos les gustaría que hasta la zona llegaran más jóvenes porque en sus respectivas localidades solo se relacionan con gente de más de 70 años y el salto generacional es demasiado grande. “Aquí solo se habla de cerezas”, dicen

Inés resume así la vida en el pueblo “ es un auténtico privilegio ensombrecido por la falta de oportunidades para el desarrollo personal y profesional y también por el típico carácter de la gente que se identifica con un caciquismo ancestral”.

M.J.F Huéspeda/Madrid

Diario de Burgos 22 de Abril de 2007


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